Blank City

Viernes, 19 de Noviembre de 2010

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Celine Danhier, Estados Unidos, 2009, 94 min.
La nostalgia por lo no vivido resulta un fenómeno extraño. Para aquellos a los que el principio de los ochenta nos pilló en un pueblo de la costa catalana y aún en preescolar, el cine de Jim Jarmusch y de Amos Poe o la música de Lydia Lunch o John Lurie nos abrió una ventana a una época y a una ciudad, Nueva York, en la que era posible la transgresión, la libertad y la colaboración artística. Blank City, el documental de Celine Danhier, funciona como compendio de una corriente iniciada por The Blank Generation, de Amos Poe, y gestada alrededor de un grupo de artistas que se movió entre el cine y la música.

Danhier cuenta con la generosidad de los protagonistas (Poe, Steve Buscemi, John Waters, Jarmusch, Lunch, Deborah Harry, Richard Kern, Beth y Scott B., Nick Zedd, Sara Driver, John Lurie, Thurston Moore), que se prestan a unas entrevistas que componen el grueso de la película junto a una vasta recopilación de material de archivo.

Documental al uso, el filme retrata, a través de algunas batallitas, el auge y la caída de un movimiento que vivió su esplendor en un Nueva York pobre, de edificios en ruinas, y que se dio de bruces cuando el dinero comenzó a fluir. El marco resulta esencial para entender el proceso creativo de películas hechas en super8, en pisos prestados y con amigos. La fuerza de Blank City reside en el anecdotario: Poe cuenta cómo para poder aguantar las veinticuatro horas seguidas de montaje de The Blank Generation tuvo que recurrir al speed; Jarmusch explica que en el rodaje de Permanent Vacation en el apartamento de Lurie tenía que situar la cámara de manera estratégica para que Basquiat, que dormía allí, quedara justo debajo del objetivo y no apareciera en el cuadro Sin embargo, los protagonistas no rechazan la autocrítica y Blank City construye así cierto discurso: la ruptura amorosa de algunos de los miembros del grupo como ejemplificación del fin del movimiento; la relación con las drogas, convertidas tanto en motor artístico como en problemática; y los postulados de un cine experimental cargado de sexo y violencia (encarnado en Fingered, de Kern, y teorizado en el manifiesto de Zedd “Cinema of Trasgression”).


Motor de experimentación

La insistencia en un arte multidisciplinar (el director Jim Jarmusch con su banda los Del-Byzanteens, la cantante Lydia Lunch y sus incursiones en el cine) confirió a las distintas obras un carácter especial y se erigió en motor de la experimentación. Al final, Basquiat saltó a la fama y filmes pequeños y representativos como Smithereens y Stranger Than Paradise comenzaron a verse fuera de Nueva York. Todo cambió, pero la libertad que se desprende de cada una de estas obras permanece.
Fuente Violeta Kovacsics