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R

Viernes, 19 de Noviembre de 2010

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(Puntuación 2,89)

R
Michael Noer y Tobias Lindholm, Dinamarca, 2010, 96 min.
R es un duro drama carcelario cuyo acierto está en la destreza de sus autores, los debutantes Michael Noer y Tobias Lidholm, para alternar la mirada analítica sobre la subcultura de las prisiones con un robusto sentido de la narración y la imagen.

Tan descarnada como su propio título, R muestra un mundo cerrado, sus habitantes y las reglas inflexibles que lo estructuran. La perspectiva ni siquiera es sociológica sino más bien antropológica: no hay discurso sobre culpa y redención, denuncias políticas ni épicas de la superación. Ni siquiera hay exterior; el exterior es, en el mejor de los casos, la vista desde una ventana y una expectativa tan incierta como la de la vida tras la muerte.

La película arranca con nuestra mirada pegada a la nuca del protagonista ya dentro del furgón policial; este mundo es una mancha abstracta de la que nos apartamos definitivamente cuando, al paso del vehículo, la puerta de la prisión –la primera de las muchas que marcan el espacio y el ritmo de R- se abate sobre la nuca del joven Rune como la guillotina que amputa todo lo que haya podido ser, reduciendo su identidad, de la que muy poco sabemos, a la de un mero peón en el tablero de la prisión. Y para eso con una R sobra.


Una cultura ajena

En este sentido, R tiene mucho del clásico relato sobre el extraño que debe adoptar una cultura ajena para sobrevivir. Rune se zambulle en ella desde el minuto cero, consciente de que su vida depende de que admita su vulnerabilidad, su obediencia, la renuncia a todo valor que no sean las nuevas normas: no las de la institución sino las de la subcultura de vikingos saturados en testosterona que ha fermentado en su interior.

Después, tras el brutal rito de paso que inaugura su aculturación, intentará valerse de su ingenio para aprovechar las escasas posibilidades de mejora que se le ofrecen en esta sociedad binaria en la que sólo cuenta si se es fuerte o débil; verdugo o víctima; señor o esclavo, blanco o musulmán, y en la que no hay nada inocente. Ni un Kinder Sorpresa.

Pero, aun con toda su distancia, el enfoque no es sin más descriptivo. R posee músculo, verdad, sentido de la tensión narrativa e intensidad dramática, tallados por una cámara que se come la cara de los personajes –casi todos ex convictos que aportaron sus experiencias al guión- para hacernos, si no empatizar, sí oler su miedo, temer su crueldad o compartir su desesperación, y luego se aparta para documentar el escenario de la cárcel danesa de Horsens, donde a Noer y Lindholm se les permitió rodar tras ser clausurada.

Su compacta mole gris erguida en mitad de este mundo con los restos de su otro mundo dentro, constituye seguramente la imagen más cruda de toda esta cruda y notable película.
Fuente Juan Carlos Gea