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The Tiger Factory

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Tiger Factory
Woo Ming Jin, Japón/Malasia, 2010, 84 min.
Hace unos años la cinematografía malaya se situaba en el foco de atención de muchos festivales gracias a un grupo de cineastas independientes que, de forma simultánea y mediante un trabajo en común, se aglutinó y consiguió dar forma a un estilo muy particular que lo llevó a convertirse en un pequeño movimiento de repercusión internacional. Entre ellos se encontraban James Lee, Tan Chui Mui, Charlotte Lin, Ho Yuhang y Woo Ming Jin.

El uso del formato digital, su gran potencial para experimentar con el lenguaje cinematográfico y su capacidad para reformular los códigos del cine social a través de la pintura de paisajes humanos al borde de la abstracción, son características que se encontraban presentes en la mayoría de los trabajos de estos directores.

The Tiger Factory, el quinto largomentraje de Woo Ming Jin, vuelve a incidir en uno de los temas básicos del movimiento: el desamparo de la población juvenil y el sentimiento de orfandad, ejes argumentales heredados del que fuera su maestro y fuente de inspiración, el hongkonés Patrick Tam.

Ping (Foo Mun Lai, protagonista de My Daughter) tiene 19 años y quiere escapar de la miserable existencia en la que se encuentra atrapada. Esclavizada por su tía, quien la obliga a ofrecerse como 'vientre de alquiler', trabaja además en un restaurante y en una granja de cerdos. Su mirada ha perdido el brillo de la inocencia y la cruda rutina ha terminado por convertirla en un autómata, incluso cuando la encierran en una cochambrosa habitación para dejarse fecundar por un desconocido.


Un progresivo cambio

El director muestra con resignación el destino de su protagonista, siguiendo de cerca sus movimientos y certificando el progresivo cambio que se va gestando en su naturaleza, el endurecimiento de sus sentimientos y la aniquilación de su integridad moral en aras de la supervivencia.

Punteada por un etéreo naturalismo minimalista, The Tiger Factory se convierte en un excelente ejemplo de las derivas estilísticas de una cinematografía que ha encontrado su marca de identidad en la indefinición, en el territorio esquivo de una poética tan imprecisa como siniestramente real, tenebrosamente tangible, en la que las carencias afectivas unidas a la sordidez y la corrupción ética de la sociedad, terminan por generar una 'fábrica de tigres', de seres salvajes sin escrúpulos que se agarran con uñas y dientes a lo que tienen y que no dudan en despedazar a quien se ponga por delante con tal de asegurar su subsistencia.
Fuente Beatriz Martínez