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La Vida Sublime

Sábado, 20 de Noviembre de 2010

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La vida sublime
Daniel V. Villamediana, España, 2010, 90 min.
Todo en el cine español comienza con Víctor Erice, en cuanto a que es el director que más intensamente ha intentado hablar de “España” como idea. No únicamente una cuestión de nacionalidad, sino algo cultural, mucho más arraigado, pero que poco tiene que ver con el patriotismo.

Frente al oportunismo y el sensacionalismo de buena parte del cine español, que ocupa las principales páginas de los medios de comunicación, el cine de Erice bucea siempre en aguas mucho más profundas. En El espíritu de la colmena retomó el mito de Frankenstein para utilizarlo como metáfora de un país hecho pedazos, una zona cero de significado en la que el tiempo nunca se conjugaba en presente.

El Sur, su segundo largometraje, es una película que por culpa de, o gracias a (no lo tenemos muy claro) sus productores, se ha convertido en la más acertada metáfora de nuestro país. Porque es una película rota, cortada a la mitad. En principio, la protagonista de esta película tendría que haber viajado al Sur de España para ir en busca de un pasado que permanecía oculto, para reconciliarse (o reconciliar su historia familiar) con él. Sin embargo, esa parte nunca se rodó por negativa del productor Elías Querejeta. Así, tenemos una película escindida, como la propia España, golpeada por treinta y cinco años de dictadura. El Sur no es la película que imaginó Erice, pero para nosotros los espectadores, tal y como la conocemos, su importancia es mucho mayor, porque esa parte nunca rodada es también esa España y ese cine español que nunca fue.


Una imagen de España

El segundo largometraje (al igual que El sur para Erice) de Daniel Vázquez Villamediana, La vida sublime, intenta retomar ese camino. El protagonista del film, Víctor (tocayo de Erice, por seguir con las coincidencias, y primo del director) también viaja al Sur, en busca de su pasado, a encontrarse con la leyenda de su abuelo, “el Cuco”. Víctor realiza el mismo viaje que su abuelo hizo de joven, pero también aquel que Estrella, la protagonista de El Sur, jamás realizó.

La película no oculta la filiación con la obra capital de Erice, tanto es así que se cita en una de sus conversaciones, como punto de partida de un viaje que, aunque trata de buscar una imagen de España, se enuncia de manera íntima, siempre a través de conversaciones entre dos personas.

La película reniega del guión convencional y se convierte en una aventura conversacional. Entre una y otra, la figura de Víctor, quijotesca, se confronta con los paisajes que atraviesa, desde Valladolid hasta Cádiz, cada uno con sus colores.


Casi en familia


Y aunque la película podría prestarse a esa visión rancia y localista de la España profunda, Villamediana consigue trascender esa mirada, de la misma manera que Goya conseguía ir más allá del costumbrismo de sus pinturas gracias al trazo impresionista que aplicaba sobre ellas.

Y únicamente vemos los colores mezclándose. No hay más ambición formal en esta película, puesto que no lo necesita. Es un film rodado casi en familia, entre amigos. Un tributo de un nieto a su abuelo, de un cineasta hacia una tradición olvidada.

El Sur que alcanza Víctor no es el Sur soñado, más bien parece una civilización en ruinas, por culpa de los años de la dictadura, pero también de esa transición que no consiguió reconciliar a España con su pasado. El Sur de “el Cuco” ya únicamente existe como leyenda. Fue Antonio Machado el que escribió “Este hombre no es de ayer ni es de mañana, / sino de nunca; de la cepa hispana / no es el fruto maduro ni podrido, /es una fruta vana / de aquella España que pasó y no ha sido, / esa que hoy tiene la cabeza cana.
Fuente Miguel Blanco (Revista Lumière)