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Cristian Mungiu: "Hay que ser humilde, para poder trabajar realmente con libertad"

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mungiu
por Miguel Cane

Es el principal representante de lo que llaman por ahí “nueva ola” del cine rumano, pero es, sobre todo, uno de los cineastas más interesantes y originales del panorama europeo. Con Beyond the Hills confirma que su mirada hacia la realidad de su país es tan única... Como inquietante y universal.
Beyond the Hills llega después del éxito de 4 meses, 3 semanas y 2 días. ¿Existe algún tema en común que las hermane, o son visiones completamente independientes una de la otra?
Son completamente distintas. Lo único que tienen en común es que se desarrollan en Rumanía, pero creo que para comprender esta, hace falta borrar de la mente lo que hice en la anterior, porque he querido contar otro tipo de historia. No se trata de una película sobre la amistad, como era el caso de la primera, sino que trata del amor y el sentimiento que provoca la pérdida de ese amor. Trata sobre las elecciones que tomamos. Que las protagonistas sean dos mujeres, nuevamente, es algo completamente circunstancial.

¿Qué rol juega la religión en el conflicto que plantea la trama?
La religión es una ideología y como tal, está abierta a innumerables interpretaciones. Personalmente yo no busco criticar a nadie. La historia habla de casos particulares. No se trata de generalidades y no represento a la sociedad rumana describiendo esta pequeña comunidad religiosa. Una película no tiene la capacidad de ser tan general en ese aspecto. Beyond the hills trata más de superstición que de religión, en todo caso, y cómo ésta afecta las vidas de los personajes. Yo no pretendo hacer un análisis de los perversos efectos de la religión, que los hay y están a la vista, no invento nada nuevo, pero es importante señalar que tampoco digo que las creencias de esta gente correspondan a las de la iglesia rumana ortodoxa como institución.

Las películas de su país triunfan en festivales de todo el mundo. ¿Qué opina de la etiqueta Nueva Ola Rumana?
Que es solo eso, una etiqueta. No hay un plan ni un manifiesto ni nada de eso, solo somos una serie de directores de edad similar, que nos expresamos a la vez y que reaccionamos contra el tipo de cine que se hacía en Rumanía a finales de los 80 y principios de los 90. Nada más. Es algo agradable, pero no creo que sea un fenómeno.


Vivimos una época en que el director se ha convertido en superstar. ¿Qué opina al respecto?
Creo que un cineasta no debe nunca trascender el material con que trabaja, o la historia que busca contar. Hay que ser humilde, para poder trabajar realmente con libertad. Saber trabajar entre las sombras para contar bien lo que uno va a contar. No imponer nunca el “porque yo quiero” o “porque yo lo digo.” Un director no debería ser nunca más importante que su película, su historia o que el público. Esa es mi opinión.


Después de estos grandes éxitos en Cannes, ¿ha venido América a tentarle, como si fuera Satán?
Bueno, es como todo, cuando haces algo que llama la atención. Pero preferiría seguir trabajando en Rumanía. Si acaso hubiera un proyecto que me interesara hacer en inglés, invitaría a actores a venir a trabajar conmigo. Básicamente para no comprometer la libertad con la que ahora cuento. No tengo presiones ni compromisos y esa es una gran ventaja, porque me permite contar historias más universales. Podrían estar situadas en Nueva York, o en España o en Italia. Pero no vivo en ninguna de esas localizaciones. Creo que en el fondo, salvo detalles muy específicos en el aspecto de las culturas, en el fondo, toda historia puede hablarle a todo tipo de público desde cualquier lugar. Por lo mismo, no siento gran interés por irme a Estados Unidos. Trabajo más a gusto donde estoy.