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Jung, más que un aprobado

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jung
Jung, dibujante reconvertido en director de cine, publicó hace cinco años la historia de su infancia y su adopción por parte de una familia belga en la novela gráfica Piel Color Miel. Este año ha estrenado una adaptación y, a la vez, revisión de aquella historia de su infancia, convertida en una película co-dirigida con Laurent Boileau, basada en el cómic, pero con un nuevo punto de vista.
¿Cómo se enfrenta uno a la creación de un material tan personal dos veces?
Creo que lo he hecho incluso más de dos veces. De hecho, si no hubiera sido un niño adoptado, quizá no me hubiera puesto a contar esta historia, ni en una novela ni en la película. Empecé a dibujar porque sentía que había algo que debía expresar. Es un trabajo de búsqueda de la identidad que empezó desde muy joven y que aún hoy día continúa. Hay algo muy orgánico en contar esta historia, es una especie de reflejo para mí.

¿Y ahora que ya ha dejado de explorarse a sí mismo, qué va a contar?
La verdad es que estoy continuamente explorando el tema de la búsqueda de la identidad, es un tema inagotable para mí. Tengo nuevos proyectos, pero no serán autobiográficos, contar la vida de uno sólo se puede hacer una vez, pero sí que voy a seguir abordando este tema. Tengo ganas de explorarlo hasta el final, porque es un tema universal, siempre en construcción.

Cuando la novela fue escrita, aún no había ido a Corea. ¿Cómo vivió la experiencia de volver para la película?
Era la primera vez que lo hacía desde que me adoptaron. Con todo el dispositivo técnico que tenía alrededor resultaba imposible expresar lo que tenía lugar en mi interior. Si ya resulta difícil cuando uno está solo, imagínese. Igual si hubiésemos ido sólo con la cámara en mano hubiese sido más fácil. De todas formas, lo contaré en una novela gráfica.

¿Cómo se siente al colaborar en algo tan personal con otra persona, el co-director Laurent Boileau?
La verdad es que fue muy, muy difícil. Yo estoy acostumbrado a trabajar en solitario y tengo libertad total como autor de novelas gráficas, por lo tanto este paso de llevar la novela gráfica a la pantalla ha sido complicado a nivel de producción. Me dio la sensación de que el co-director y yo teníamos ideas diferentes, que no queríamos hacer la misma película.

Mucha gente considera que la novela gráfica ofrece una visión agridulce sobre la adopción.
En la novela gráfica hay un poco más de amargura que en la película, es cierto. Hay que pensar que entre 2007 y 2012 han trascurrido unos años en los cuales ha seguido mi proceso de reconstrucción. En mi trabajo hay una dimensión terapéutica, a pesar de que no me guste la idea de que el público tenga que pagar por la terapia. Pero reconozco que existe. Es precisamente esta dimensión la que me ha ayudado a reconstruirme como persona.

Parece que le interesa mucho el tema de la identidad personal.
Yo, como muchos otros niños coreanos adoptados, llegué a Europa en los 70, y creo que he vivido cosas parecidas a los españoles que han tenido que emigrar, el desarraigo. Hoy en día, la globalización provoca que la gente se desplace mucho más y que el mundo se vaya empequeñeciendo, lo cual no es malo porque parece que se vuelve más mestizo, aunque sea una utopía. Y yo estoy a favor de esa utopía.

¿Cómo están siendo las reacciones a la película, tanto a nivel cinematográfico como social?
Hay muchísima gente que me escribe, muchos niños adoptados o en proceso de adopción, y también emocionada por este punto de vista de la búsqueda de identidad. Así que la respuesta ha sido fabulosa. Además me ha sorprendido, porque no era consciente de que la película pudiese tener este lado de utilidad. Desde el punto de vista profesional, hemos recibido el premio del público en el festival de Annecy. A mí personalmente me emociona más que me conceda un premio el público que los profesionales.

Claudia Lorenzo