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Gil Parrondo:“He sido feliz toda mi vida”

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Gil Parrondo tiene 91 años, como dice muy orgullosamente al otro lado del teléfono, pero parece un chaval. Hay quien cree que la profesión de decorador en el cine se beneficia mucho de la longevidad de sus integrantes, “quizá sea porque nuestro trabajo nos hace estar activos constantemente”, y él también lo achaca a que ha tenido mucha suerte. “He sido feliz toda mi vida, he tenido mucha fortuna con la familia que tengo y también con mi trabajo, todo me ha salido muy bien. Soy de esos que ven la botella bien llena aunque sólo lo esté hasta la mitad.”
Parrondo es uno de los últimos vestigios del Hollywood clásico que queda. Ha participado en más de cien películas y ha trabajado con directores tan importantes como Orson Welles (Mr. Arkadin, 1955), Stanley Kramer (Orgullo y pasión, 1957), John Milius (El viento y el león, 1975), Franklin J. Schaffner (Patton, 1970; Nicolás y Alejandra, 1971; Los niños del Brasil, 1978), David Lean (Doctor Zhivago, 1965), Richard Lester (Robin y Marian, 1976; Cuba, 1979), George Cukor (Viajes con mi tía, 1972). “Hay muchas cosas que recuerdo de mi vida, pero tengo que decir que Hollywood fue algo impresionante. Entrar en Hollywood, en aquella época, fue como entrar a la Meca.” Tiene dos Oscar, por Patton y Nicolás y Alejandra, y, hasta que Almodóvar ganó el suyo por el guión de Hable con ella, era el único español con el lujo de poseer dos premios de la academia. Sigue soñando con el Hollywood clásico y tiene en casa fotos de Jean Harlow, Greta Garbo y Marlene Dietrich, además de libros que cuentan con pelos y señales el desarrollo de la historia del cine desde los primeros estudios.

A los 16 años no teníamos más salida para nuestra fantasía, además de la literatura, que el cine. Ahora es completamente distinto. Entonces el cine, y sobre todo Hollywood, no sé por qué, eran algo imposible. Imposible pensar que íbamos a ir allí, era igual que el cielo. Uno no sube al cielo a tomar algo con San Pedro. Ahora, un chaval enamorado del cine como yo lo estaba, sabe mucho más, está más informado. Pero precisamente por eso, lo que se ha quitado es el misterio y aquella cosa mágica que tenía. Ahora el cine no tiene la misma magia. Y no lo digo porque me esté haciendo viejo, es que no es lo mismo.”

Parrondo nació en Luarca en 1921. Durante tres años estudió dibujo y arquitectura en la Escuela de San Fernando. “Allí conocí a personajes impresionantes. Estábamos en guerra y la escuela era una burbuja, no hablábamos más que de arte, me olvidaba de los obuses, del hambre... Fui completamente feliz.” Cree que la formación sigue siendo muy importante para la vida de cualquier decorador de cine, “cuando uno estudia, está más preparado, aunque aprender trabajando también está muy bien”, y defiende la necesidad de amar lo que se hace: “hay muchas cosas que tienen que darse para ser decorador, pero la vocación es la más importante. Tienes que estar enamorado del cine. Aclarar esto parece tonto, pero es imposible trabajar y triunfar si no amas el cine, porque es un mundo muy duro.”

Además de su carrera internacional, Parrondo tiene cuatro Goyas por algunas de sus colaboraciones con José Luis Garci (Canción de Cuna, 1994; You’re the One (Una historia de entonces), 2000; Tiovivo c.1950, 2004 y Ninette, 2005). También ha trabajado con Pilar Miró (Tú nombre envenena mis sueños, 1996) o Jaime Chávarri (Las bicicletas son para el verano, 1984).

Hay dos colaboraciones importantes entre el director de arte, o decorador, y el equipo. Una es, obviamente, con el director de cine “con la mayoría he tenido buena relación, pero sí que hay veces que no repites porque tampoco te has entendido tanto”. La otra, con el director de fotografía, “a mí me ha ocurrido el tener un decorado muy bien hecho y salir muy mal en pantalla, y he sufrido mucho. Pero como todo en la vida, otras veces con un decorado muy malo, ha venido el operador, ha puesto una luz y aquello ha quedado maravilloso”.

Dice que prefiere la Medalla de Oro al Mérito en la Bellas Artes que los Oscar, “pero es que me la entregaron los Reyes en el Museo del Prado, y para mí ése es uno de los lugares más importantes de mi vida”. Gil Parrondo recibe en el Festival Internacional de Cine de Gijón, una celebración a la que ha estado siempre unido hasta el punto de que el premio a la Mejor Dirección Artística lleva su nombre, el premio de Honor del Cincuenta Aniversario. “Los premios siempre me emocionan. Con tantos años que tengo ya me han dado muchos premios, he tenido mucha suerte, pero los que vienen de Asturias tienen para mí un significado especial”.

Claudia Lorenzo
Palabras clave Festival de Cine, 2012