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Juraj Jakubisko: Sentado al borde de la historia

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jakubisko
Juraj Jakubisko (Kojsov, 1938), posiblemente el mejor director de la historia del cine eslovaco y uno de los cineastas más relevantes de la cinematografía europea, está en gijón, como invitado de honor con ocasión de la retrospectiva de su obra que se presenta estos días en el FICX. Con el está también su esposa, la actriz y productora Deana Jakubiskova-Horvátova, y ambos han traído con ellos una avalancha de buen humor, sabiduría, arte y pasión por el cine que dura ya más de medio siglo.
No es su primera vez en Gijón…
Estuve aquí hace más de veinte años, con La dama de las nieves (Perinbaba, 1985), cuando era un festival de cine para niños. También estuve con ella en Madrid. He venido mucho a España: San Sebastián, Sevilla, Barcelona…

Es curioso, porque aunque muchos espectadores españoles no lo saben, se criaron viendo La Tía de Frankenstein (1987), una serie dirigida por usted…
Fue una coproducción con siete países, entre ellos España. Para poder rodar en coproducción se exige que haya siempre dos actores por cada país que participa, así que tuve dos actores españoles, Sancho Gracia y Mercedes Sampietro.

¿Cómo fue trabajar en Checoslovaquia bajo el comunismo?
Siempre una lucha contra la censura… ¿Qué es la censura? Un señor que venía a ver la película con dos sellos y papel, si ponía los dos sellos en las autorizaciones, podías estrenar la película, si no, se acabó. Así que tratabas de influir en él, le ponías café, una copita de licor, creabas una atmósfera agradable. Al fin y al cabo, también era un ser humano. Otro truco que utilizábamos era poner escenas que ya sabíamos no pasarían la censura, las llamábamos “perritos blancos”. Como sabíamos que las prohibirían porque llamaban claramente la atención, el resto de la película pasaba sin que se dieran cuenta. Lo malo vino después de la invasión rusa de 1968. Se abolió oficialmente la censura, y resultó mucho peor, porque nadie sabía a qué atenerse, y podían prohibir tu película por cualquier cosa. Todas mis películas de esa época fueron prohibidas, incluso secuestradas y guardadas como prueba para acusarme en juicio de ser anti-socialista y un “enemigo de clase”. Durante diez años me convertí en el “hombre invisible”. Solo podía hacer documentales de propaganda y cortos para televisión. Un amigo al que le ocurrió algo parecido, se suicidó por no poder seguir trabajando...

(Aquí interviene Deana, su esposa, productora y actriz en varias de sus películas)
Pero Juraj no dejó de trabajar en otras cosas: fotografía, pintura, dibujo… Yo creo que eso fue lo que le salvó del suicidio. Dio rienda suelta a su creatividad en otros medios. Tras la caída del comunismo yo le dije que debería pedir una indemnización al Estado, como hacía mucha gente, a veces hipócritamente, por sus años sin trabajar. Pero él me contestó: “No voy a pedir nada, Deanka, hay que olvidar para seguir adelante”.

Se le considera el maestro del “realismo mágico” en el cine…
Todo viene de mi infancia y juventud. Yo nací en un pueblo remoto de las montañas, donde nadie había visto una bicicleta. Cuando el alcalde trajo un día una, la gente se aterrorizó: eran las ruedas del diablo. Lo siguiente con ruedas que vino, no fue un coche, sino un tanque alemán, así que tenían razón: eran las ruedas del diablo. Durante la guerra, incendiaron la taberna del pueblo, y yo vi cómo su tejado, debido al gas generado por las llamas, se desprendía y salía volando, flotando por encima del pueblo como un barco… Cuando entré en la taberna, todo se había fundido por el calor, y vi un reloj de pared derretido, cayendo como lágrimas por la pared… Vi un “reloj blando” de Dalí en la realidad, antes de verlo en sus cuadros. Eso es el “realismo mágico”: cuando pongo cosas reales en mis películas, la gente cree que son inventadas. Cuando las invento, la gente cree que son reales.

Nunca ha dejado de hacer cine, a diferencia de muchos compañeros de la Nueva Ola de los 60 que se quedaron ahí…
(Aquí, Deana toma de nuevo la palabra, con ojos brillantes de orgullo)
Juraj fundó el realismo mágico en el cine, va más allá de las realidades políticas que motivaban a muchos cineastas, quienes, cuando cambió el régimen, se quedaron sin tema. Ya no podían criticar al Partido o defenderlo. La mayoría de los cineastas polemizaban con la política, Juraj Jakubisko polemiza con Dios.

Jesús Palacios
Palabras clave Festival de Cine, 2012