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El Teorema de Gilliam

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terry gilliam
Por: Jesús Palacios     
Puede que Terry Gilliam no sea dios –de hecho, si no recuerdo mal, dios era Sir Ralph Richardson y no estaba para chistes-, pero si no existiera, habríamos tenido que inventarlo. Con su presencia estos días en el FICX, no nos queda duda de que aún hay esperanza para la fantasía, aunque el teorema que lo demuestra le va a dar guerra para rato. Por suerte para nosotros.
Cuéntenos algo sobre sus comienzos como caricaturista y animador…
Durante mucho tiempo quise dirigir películas, pero no sabía cómo porque siempre me ha gustado controlar lo que hago y las películas cuestan un montón de dinero, son difíciles de controlar. Lo que sí hacía desde muy joven eran cartoons, humor gráfico. Y lo más bonito de dibujar cartoons es que ves la reacción inmediata que causan y saber si funcionan bien o no. Es fácil de hacer, es barato, es solo un pedazo de papel y tu imaginación. Siempre he dibujado cartoons. Después de la escuela empecé a trabajar para Harvey Kurtzman, uno de los grandes del cómic, que era uno de mis héroes, y me convertí en su asistente. Después pasé a su revista Help!, donde empecé a hacer fotonovelas, es decir, cómics, pero hechos a partir de fotografías de gente real, lo que supuso en cierto modo una especie de transición hacia el cine. Al mismo tiempo trabajaba en publicidad, escribía, hacía dirección artística, títulos de crédito para el cine… Trabajando para la televisión, como no teníamos dinero para gags, empezamos a utilizar recortes de papel y animarlos, algo que entonces no hacía nadie en televisión. Empezaron a llamarme para hacer animaciones en otros programas, y así fue como acabé trabajando con Monty Python. Nada de esto fue planeado. Solo se trataba de hacer cosas que pudiera controlar y costaran lo menos posible, pero eso me llevó a la BBC y después a todo lo demás, hasta hacer con los Monty Pyton Los caballeros de la mesa cuadrada. Terry Jones y yo decidimos que ya era hora de hacer un largometraje, lo firmamos con nuestros nombres y así nos convertimos en directores de cine.

Es increíble cómo ha mantenido su visión personal. Viendo The Zero Theorem hay momentos que me hicieron recordar hasta Los héroes del tiempo…

Mi mujer dice que hago siempre la misma película y solo cambio el vestuario, ja, ja, ja… Pero bueno, creo que también cada una refleja los problemas del mundo en cada momento. No puedo solucionar los problemas, pero sí hablar de ellos. En Los héroes del tiempo, el Ser Supremo era una especie de viejo profesor de escuela inglés pasado de moda, distraído, preocupado por poner un poco de orden... En The Zero Theorem, la gerencia es la cabeza visible de una corporación, y lo único que sabe y le interesa es que si acumula información y conocimiento adquiere Poder. En realidad no sabe qué hacer con ese Poder, solo le interesa ser poderoso. Es como Google, o la NSA, o cualquier organización gubernamental, acumulando información con la que no sabe exactamente qué hacer, salvo convertirla en dinero. Es el signo de los tiempos que vivimos. Creemos que cuanta más información poseemos más control tenemos sobre nuestras vidas, pero no es verdad. Es exactamente lo contrario.

Su obra gira alrededor de la dicotomía Realidad versus Fantasía. En muchos de sus films, la Fantasía es un arma para mantener la dignidad e individualidad, una forma de resistencia, pero en The Zero Theorem es justo lo inverso…

El final de The Zero Theorem es muy triste. Es realmente el final más triste que he filmado nunca. El mundo virtual es un mundo fantástico, pero no ha sido creado por el protagonista, sino por otros. Y aun así, él tiene un poco de poder en este mundo. Es como la gente jugando con videojuegos todo el tiempo: ellos no han creado el mundo en el que están metidos, pero fingen que tienen control sobre él. Es una ilusión. En The Zero Theorem la cosa es que es la primera vez en su vida que el protagonista tiene algún poder sobre las cosas. No es real, así que no es mucho, pero menos es nada para él, supongo. Es una suerte de escepticismo: bueno, esto es lo mejor que tengo, así que lo acepto. Toda esa gente pasando su vida en los mundos virtuales de los videojuegos, fingiendo tener fuerza y poderes sobrehumanos… ¡Es mentira! Es algo que siempre me deja anonadado. Y no pude pensar en un final más digno para el protagonista de The Zero Theorem.

Creo que es su película más pesimista…

Correcto. Es una tragedia. Mucha gente cree que, porque es divertida, se trata de una comedia. ¡No es una comedia! Es una tragedia muy oscura.

Su visión del cine se parece más a la de un artista, digamos, un pintor, que a la de un cineasta tradicional. Está llena de referencias e influencias no solo literarias, sino de otras formas de arte…

Hago collages, eso es lo que hago. Cojo lo que me interesa de todas partes. Así es cómo llegué a The Zero Theorem. ¿Conoce la obra de Neo-Rauch? Hace lo mismo: una especie de collage de varios estilos, épocas, técnicas. Lo encuentro fascinante, así que intenté hacer lo mismo en la película. No me interesan las películas de fantasía actuales que se pretenden muy imaginativas pero no lo son: solo copian y copian otras películas de fantasía similares. Mis ideas proceden de muchas fuentes diferentes. Soy como una especie de urraca, que colecciona las cosas que brillan, todas las cosas que me llaman la atención… Pueden ser de otras películas, obras literarias, pinturas, pueden proceder de la arquitectura, me encantan los Tesco, los grandes almacenes donde puedes encontrar cualquier cosa… Todo eso viene hacia mí, y compone una especie de collage político del mundo en que vivimos. No suelo ver películas en estos tiempos, me aburren. Prefiero leer, o contemplar pinturas, edificios… Son mundos creados por una persona. Las películas son obras de comités, grandes comités corporativos, creados por grandes empresas, y cuanto más grandes son las películas más son los compromisos de esos comités.

¿Cómo consigue seguir haciendo cine en un mundo así?

La idea de The Zero Theorem empezó a dar vueltas por los estudios hace seis o siete años. Era un proyecto de veinte millones de dólares. Finalmente hicimos la película por ocho millones y medio. Es una gran diferencia. Tuvimos que adaptarnos y cambiar muchas cosas. Pero está bien, no pasa nada. Llamé a mis amigos y les dije que vinieran a trabajar gratis. Es muy difícil ahora hacer cierto tipo de películas, películas que tengan algún tipo de seña de identidad individual. Ocho millones y medio no es mucho dinero, pero cuando ves la película, parece como si hubiera costado veinte. En Hollywood lo que interesa es hacer películas cuanto más caras mejor. Cuanto más dinero invierten en ellas, más gente aparece dispuesta a invertir, aunque el producto final no tenga ningún interés, salvo el de hacer dinero. Son las películas que se estrenan cada semana, no necesito citar nombres.

¿No es usted como sus propios personajes, un poco Quijote?

Ja, ja, ja. Bueno, me gusta forzar los límites de lo que se puede hacer, de qué es la realidad. Siempre he querido hacer eso… Y Don Quijote es así, no le gusta cómo es la realidad. Por eso la gente dice, "mira, es un chiflado". Y yo también lo soy, un loco. Pero así es como son las cosas. Supongo que lo que trato de hacer es animar a otra gente a ver el mundo con mis ojos, y a alguna gente le gusta y otros lo odian. Me resulta muy interesante lo que suele decirse de Brazil, porque ahora Brazil está considerada un clásico, una gran película. Cuando la hice, la mitad de los espectadores se iban de las salas. La gente no recuerda esas cosas. Ahora tenemos problemas para que The Zero Theorem se estrene, y no estoy diciendo que sea mejor o peor película que Brazil, sino simplemente que es la película apropiada para este momento. Es el Brazil de ahora.


The Zero Theorem
Terry Gilliam. Reino Unido, Rumania, Francia / 2013. 107 m.
Hoy, 17.00 h. Teatro Jovellanos (Encuentro)
29 de noviembre, 22:15. Cines Centro Sala 1




Palabras clave Festival de Cine, 2014