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Nihilismo coreano. El planeta gris de Hur Bum- woo

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hur
Hur Bum-wook presenta a concurso en la sección AnimaFICX su primer largometraje, la cruda On the White Planet. Sombría y desesperada, supone una de las contadas producciones animadas del cine surcoreano y contrasta con la imagen y el talante de un cineasta que confiesa que de no poder seguir siendo animador preferiría dedicarse a la literatura.
¿Cuál es el estado actual de la animación en Corea del Sur?
Tradicionalmente Corea era subcontratista de los grandes estudios de Estados Unidos y Japón, por lo tanto no podemos decir que haya una tradición de creación, sin embargo sí que existía la industria. Pero como la mano de obra cada vez es más cara, esta industria se ha ido debilitando y muchos clientes se han ido a China. Digamos que esto es la tradición, a la cual pertenecen los artistas de más edad. Mi generación y otros un poco mayores nos orientamos hacia la producción independiente, pero la mayor parte de esta producción consiste en cortometrajes, a excepción de Chang Hyung-yun que también está aquí con Satellite Girl & Milk Cow y Yeon Sang-ho, quienes como nunca conocieron el fracaso como cortometrajistas han podido llegar a realizar largos. En Corea no se puede fallar nunca, si se fracasa es imposible debutar en el largometraje o continuar tú carrera.

Pero mi caso es un poco diferente. Estudié en la Academia Coreana de Cine, que es una institución nacional. En esta Academia hay un curso de animación en largometraje, que consiste en un año en la institución, y entonces los graduados tienen la oportunidad de proyectar un largo. Se siguen unos criterios que tienen que ver con tus cortos anteriores, el guión presentado y el esfuerzo durante el curso. Luego, de entre todos los estudiantes que solicitan la financiación para el acceso al largo se elije solo uno. Y ese fui yo.

La subvención del estado, el éxito personal o trabajar solo, aunque entonces no tienes una vía de distribución normal, son los caminos para realizar animación en Corea. Quizás tengas suerte y logres financiación privada, pero esto pasa cada cinco años. No existe un mercado real para la animación. Como no se gana dinero, no se invierte dinero. Quizás ahora se empiece a ver que, invirtiendo un poco, puede ganarse un poco. No seremos Disney, está bien, pero podemos hacer algo. Aunque el mercado de la animación coreana es muy diferente al del cine de acción real.

¿Entonces, la impresión que tenemos en Occidente del auge de la animación coreana es ficticia?
Es una impresión errónea y que no comprendo. Puro azar. Seguramente el próximo año el único largo que se estrene sea el nuevo trabajo de Yeon Sang-ho. Yo estoy trabajando en un guión nuevo, pero ya no tendré la ayuda del estado, así que me toca buscar inversión privada, que es muy difícil. Ni siquiera tener relevancia en festivales extranjeros te garantiza la inversión.

¿Guarda tu trabajo alguna relación con todo este cine de género surcoreano que mezcla thriller, melodrama, terror, ciencia-ficción…?

La verdad es que yo no entiendo demasiado el cine de género coreano… Pero tal vez en mi película sí se puedan encontrar algunos matices y ambientes de estas películas, aunque no la considero un thriller o una película de género, sino simplemente un drama de personajes. Evidentemente, la violencia está presente, es imprescindible para describir el entorno y la circunstancia tan dura.

¿Hay, entonces, reminiscencias de la historia de Corea?
La película habla del mundo contemporáneo, pero se puede interpretar que existe una conexión con, por ejemplo, la Guerra Civil. Porque todas estas discusiones sobre el color, sobre si eras de este o de otro, comienzan allí. Este conflicto aun pervive y es un asunto muy importante políticamente. Puede leerse así, es cierto, pero no ha sido mi intención. Mi principal influencia, en realidad, han sido novelas. En especial Dostoievski. Cuando leo sus novelas siento que el mundo es en blanco y negro y no en color.

¿Provienen de ahí las decisiones estéticas de tus trabajos?
Tanto On the White Planet como mi corto anterior, City of the Good People, tratan temas sombríos y oscuros. Para transmitir estas emociones al espectador pienso que el color resulta demasiado brillante, demasiado claro. Por ejemplo, al ver fotos en blanco y negro siento cierta tristeza, incluso algo que mezcla la depresión y la calma. Tanto en el corto como en On the White Planet uso la imagen real también para provocar una impresión de ruptura, una sacudida al espectador. Buscaba una sensación climática de tristeza, incluso de crueldad. En España el filme se percibe como muy nihilista, pero en Corea no.

En ambos hay una gran importancia de la familia y la infancia
El corto está protagonizado por una abuela que pierde a su nieto. Yo me crié con mi abuela, así que no entiendo del todo lo que significan los padres y las madres. Y en el largo… Bueno, yo no soy un niño, pero tampoco me considero un adulto, así que no comprendo bien las emociones adultas. Mantengo hoy los mismos pensamientos que cuando era muy pequeño, así que, creo, mi perspectiva sobre el mundo tiene algo de esto. Los personajes están en esa misma tesitura: no son ni una cosa ni la otra. Lo que quería era explicar una historia que yo conociese bien.

¿De dónde proviene el carácter tan oscuro del cine de Corea del Sur?
En Corea existe una palabra intraducible, Han, que es un tipo de sentimiento único de los coreanos. A lo largo de la historia hemos luchado y hemos conseguido triunfos muy pequeños, pero a la larga siempre fracasamos. Así que tenemos esta idea de que, en el fondo, aunque nos esforcemos mucho siempre fracasaremos.


Por: Adrián Sánchez
Palabras clave Festival de Cine, 2014