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Sam, el tiempo en sus manos

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sam
por Rubén Lardín

La plastilina no es un asunto al alcance de todos. Moldearla es una habilidad que muchos dejamos atrás y sólo unos pocos decidieron mantener de adultos. Sublimarla en arte moviente ya iba a ser cosa reservada a los grandes talentos. Sam es uno de ellos. Pos eso es su primer largometraje.
Tu película mezcla muy bien aquella violencia deliciosa de la animación clásica con cierto canalleo, cine infantil no es. ¿Cuál es el espectador ideal de Pos eso?

Mi deseo es que llegue a todo tipo de público, claro. Ahora bien, el espectador ideal sería el que aunase dos criterios: que le gustasen a partes iguales Torrente y los Simpson. Que le guste el cine de terror no es indispensable, pero si es aficionado al género también sabrá sacarle más miga a la película.

En ese sentido es un festín de homenajes, de La profecía a El resplandor pasando por Alien o El exorcista.

Es que soy un amante del género desde niño. Lo primero que me interesó del cine, mucho antes que cualquier otro aspecto, fueron los monstruos. Me fijaba en todas las criaturas que aparecían en las películas y me aprendí el nombre de creadores como Ray Harryhausen o Rick Baker antes que el de cualquier otro actor.

Se hace poco cine de terror en animación, cuando la stop-motion puede dar resultados escalofriantes...

Eso es verdad, es una técnica que bien usada puede crear mucho desasosiego, pero es que la animación sigue estando un poco relegada a un consumo mayoritariamente infantil. Si de mí dependiera eso cambiara rápidamente…

Pero bueno, Pos eso es una comedia, una que además trata muy bien el componente cañí. A mí, antes que a cualquier referente cinematográfico, me recuerda a las maneras de Jan, el dibujante de Superlópez.

Hombre, es que Superlópez siempre ha sido un referente para mí, sobre todo en lo que concierne al desarrollo de decorados, al atrezzo… Su álbum La semana más larga es una obra de cabecera para mí. Los cómics me gustan mucho, sobre todo los europeos, aunque mi gran referente es el mismo cine. En lo costumbrista y en lo cañí soy un gran admirador de Berlanga, de Alex de la Iglesia, de Almodóvar, de La cuadrilla… Y de los que hacen terror, si nos ceñimos al cine patrio mi favorito es Jaume Balagueró.

En la peli también metes parodias de gentuza de la tele, personajes reales que son grotescos de por sí, ¿no tenías miedo a quedarte corto con esas caricaturas?

Y tanto que lo tenía y visto el panorama actual está claro que me he quedado corto. El problema es que yo no veo casi la tele y mucho menos ese tipo de programas, me limito a informativos, a películas y a Cuarto milenio. Eso cuando no me quedo dormido.

¿Y de animación qué te gusta?
La verdad es que no estoy muy al tanto del cine de animación de grandes estudios… Me entusiasmó El alucinante mundo de Norman, por ejemplo. Me gusta lo que hace Aardman, sigo enganchado a South Park y a Futurama y siempre espero con impaciencia lo nuevo de Plympton, pero si tuviera que elegir la mejor película de la última década, sin lugar a dudas seria Mary and Max.

Pos eso ha tenido un proceso de gestación de cuatro años. ¿Ese margen tan largo responde a la naturaleza minuciosa de la animación misma, a lo artesanal de tu enfoque, a un equipo muy reducido…?

A todo un poco. Pos eso ha sido una producción económica, muy dilatada en el tiempo pero también muy barata. Hemos sido un equipo de muy poca gente pero todos muy apasionados, aunque las jornadas se eternizaban y la mayoría de fines de semana tanto yo como la jefa de producción y de vestuario, Flora, que además es mi mujer, teníamos que dedicarlos a ultimar y planear la semana. Además aprovechaba para animar, ya que en las jornadas de diario tenía que dar respuesta a demasiadas preguntas y me era imposible concentrarme.

¿Cuál es la situación para un animador como tú en nuestro país? Sois pocos y se vive un auge de la animación digital, que al ser más rápida abaratará costes. Supongo que eso os deja un poco indefensos…

Lo digital no es más barato, eso quítatelo de la cabeza; pero la situación es mala, mala, la situación en nuestro país es mala seas o no animador. Como en muchas otras profesiones, la oferta es muy reducida y las condiciones son ridículas si se comparan con las condiciones que se manejan en Inglaterra o en Estados Unidos. Llamar la atención de otros estudios no es fácil si no tienes una carrera consensuada, así que lo más complicado, como siempre, es lograr que alguien te deje dar los primeros pasos. Luego no es que vaya a ser más fácil, pero estarás atrapado, así de sencillo. Esto es como una droga y es muy difícil dejarlo.

Lo de la plastilina moviéndose es que es magia pura, algo inexplicable, es muy emocionante ver incluso las huellas dactilares del animador… Con películas como la tuya se le cae a uno la baba. ¿Cómo te atrapó a ti este oficio estrambótico?

Gracias, gracias, gracias. Yo soy un gran admirador de Chuck Jones y de Tex Avery, pero reconozco que no supe quiénes eran hasta que empezó a interesarme la animación de adulto, ya mayor, y de esto tiene gran parte de la culpa Bill Plympton. A la animación en stop-motion como medio para contar historias la verdad es que llegué por accidente, debido a mi incompetencia para trabajar con actores, o más bien para que acudiesen al rodaje. Espero solucionar esto de cara a próximos proyectos. Tengo algunas cosas en mente donde la animación será secundaria, necesito que los proyectos no se eternicen.
Palabras clave Festival de Cine, 2014