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Verónica Forqué: “A veces soy más feliz en el escenario que en la vida”

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Tras 46 años de carrera, la mirada y la voz de Verónica Forqué siguen evocando el candoroso brillo que la caracterizó en los años ochenta.

La icónica actriz visitó Gijón para recoger el Premio de Cinematografía Nacho Martínez, que desde 2002 homenajea al desaparecido intérprete asturiano, amigo y compañero generacional de Forqué. En palabras de Alejandro Díaz Castaño, este galardón premia “el valor humano de las personas, no sólo su calidad artística” y destacó entre las virtudes artísticas de la actriz “la naturalidad de su forma de concebir la interpretación”.

Hija de artistas, Carmen Vázquez-Vigo y José María Forqué, Verónica no tardó en inclinarse hacia la interpretación de la mano de su padre, aunque cuando era pequeña quería ser “enfermera y sevillana”. Al final se decantó por la actuación, “para ser Mary Poppins y Concha Velasco”. Apenas habían pasado dos décadas de aquel deseo y ya figuraba, antes de ser igualada por Carmen Maura, como la única actriz con cuatro Goyas en su haber, logro equiparable a su enorme calado popular. “Cuando la gente me da las gracias por hacer reír tanto, pienso que algo he hecho en la vida”.

Almodóvar (Kika), Colomo (La vida alegre) o Trueba (El año de las luces) disfrutaron de una vis cómica ya emblemática en sus filmografías. Trabajó incluso con el maestro Berlanga, de cuya dirección en Moros y cristianos (1988) recordó “su temperamento, era encantador pero tenía mucho genio”. Sin embargo, la llegada del siglo XXI relegó a Forqué a una presencia mucho más esporádica en las pantallas de cine. “No ha sido una decisión personal. Cuando pasas de cierta edad, es difícil conseguir papeles femeninos. En el teatro hay más historias para mujeres maduras”. También apuntó que “a medida que las mujeres empecemos a contar nuestras historias, habrá más papeles para nosotras”, mientras consideró que a los directores “les gustan más las mujeres jóvenes que las de mi edad” y son “más benévolos con los actores que con las actrices”.

Esta pasión por los escenarios teatrales también ha dado como fruto sus primeros pasos en la dirección. “Nunca pensé en hacer películas, pero me gustaría seguir haciendo teatro, porque me encanta dirigir a los actores, muchas veces estamos muy solos”. En ese sentido de tutelaje, Forqué compagina sus trabajos escenográficos con las clases de interpretación que imparte. El medio la sedujo “desde que era muy joven, tuve mucha suerte porque debuté en la compañía de Nuria Espert, junto a Héctor Alterio, y sentí que ese era mi lugar”. Tras un inicio tan fulgurante, aseguró haberse sentido siempre “muy feliz en el escenario, a veces incluso más que en la vida”.

A los 61 años y con una sempiterna vitalidad, recibió el premio con “mucha ilusión, por todo lo que he reído con Nacho". Tras su paso por el 55FICX, prefiere disfrutar el momento presente que mirar hacia atrás o al futuro. “Soy una persona afortunada por haber podido vivir toda mi vida de mi trabajo en una profesión tan difícil, hay que dejar pasar la nostalgia y vivir lo que se tiene”. Por eso no quiso referirse a sus futuros proyectos teatrales, aunque “hay dos cosas por materializarse que me hacen ilusión”. Lo que sí hizo fue un guiño al Festival: “Si el año que viene vuelvo aquí, será para ver todas las películas buenas que hay en la programación”.

Sergio de Benito

Palabras clave Festival de Cine, 2017