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Bernat Manzano: “Hacer lo que se quiere nos suele dificultar la financiación”

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Boogaloo Films es una pequeña compañía barcelonesa que reúne tres de sus películas en el 55FICX.
Como responsable de Casa de nadie (Ingrid Guardiola), El equipo de mi barrio (Rafa de los Arcos) y Quiero lo eterno (Miguel Ángel Blanca), el productor Bernat Manzano compareció junto con los directores de las dos últimas y el montador Javier Gil, en una nueva entrega de Los Vermús FICX del Toma 3.

Manzano reveló que en su productora tiene la libertad para “hacer lo que le da la gana, con un nivel de autosatisfacción increíble”, aunque como contrapartida no suele “encontrar cauces de financiación” en televisiones o fondos. Con El equipo de mi barrio, que cuenta la experiencia de autogestión de un grupo de aficionados del Unión Club Ceares ante la crisis, se les acusó de que el trabajo podía parecer “un panfleto de Podemos”, cuando su intención no tiene nada que ver con la política, sino con una gestión deportiva gobernada por “la improvisación y el desenfado”. Ante la ausencia de ayudas, tuvieron que recurrir a una serie de favores y al crowdfunding, una experiencia “con un concepto muy bonito, pero que no pensamos repetir más”, y que, en palabras de Rafa de los Arcos, “no permite una estructura profesional de ningún tipo”. En un proceso opuesto, Casa de nadie estuvo financiada por Open Society Foundations desde su concepción, como parte de “un proyecto sobre el envejecimiento generacional en varios países”. El documental de Ingrid Guardiola responde a esta problemática a través de dos escenarios opuestos: una residencia de ancianos de Barcelona y un pueblo de la cuenca minera leonesa.

En las antípodas de estos documentales, Quiero lo eterno es una apuesta decidida por lo extremo para contar la relación con el mundo de un grupo de jóvenes nihilistas. Miguel Ángel Blanca habló de su germen. “Un día salí de fiesta y por casualidad vi a cuatro raperos en un concierto que me pareció una pesadilla. Daban discursos nazis mezclados con proclamas comunistas o feministas”. Cuando acabó, les propuso hacer una película. “Su universo me maravillaba y me salieron baratos, porque solo bebían cerveza de lata”. Ante un discurso tan desintegrado, el reto de la película fue gestionar todo ese torrente de improvisación y nihilismo. “Pusimos en marcha cosas que ellos querían hacer, como tatuarse o quemar un indigente”, ante lo que aseguró que después de la proyección “una señora estaba preocupada por si seguía vivo”. Su única premisa ante el rodaje fue que la experiencia “se pareciera a un sueño”. El montador Javier Gil comentó sobre el proceso de hilar estas emociones que “en la universidad nos estaban enseñando a ser correctísimos, a darle sentido a todo, y aquí nos guiamos por sensaciones y anarquía”.

Además de dirigir, Blanca también es cantante del grupo musical Manos de Topo y socio de Manzano en Boogaloo Films. El día que el productor conoció a los protagonistas de Quiero lo eterno “no temí por mi vida, sino por la suya”, porque cada vez que le veían “me pedían dinero y me insultaban”. En palabras de Blanca, la vida de estos cuatro jóvenes de 18 años se limita a “drogarse, beber y dormir en cajeros de vez en cuando”, y aseguró que “ni siquiera han querido ver la película, porque para ellos lo pasado ya no importa”. Como puso en marcha el proyecto “sin pedir explicaciones a nadie”, algo normalmente inviable, su desarrollo le permitió acercarse a los protagonistas sin juzgarlos ni adoptar una postura ética ante este caos vital, gobernado por una idea de “creación constante sin pretensión artística”. ¿Su propósito? Entender a esta generación, que “sólo quieredestruir el mundo para que vuelva a empezar”.

Sergio de Benito

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Palabras clave Festival de Cine, 2017