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Juan Diego: “Me hace ilusión que este premio lleve el nombre de Nacho Martínez”

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El Premio de Cinematografía Nacho Martínez recayó esta edición en Juan Diego. El veterano intérprete de Bormujos, sucesor de Verónica Forqué en el palmarés del galardón, compareció ante la prensa con motivo de su recogida durante la apertura del 56 FICX. En palabras de Alejandro Díaz Castaño, se distingue a “uno de los grandes no sólo del cine español, sino también del teatro”.
Juan Diego regresó a un festival al que se siente “profundamente agradecido”, medio siglo después de presentar en la Laboral de Gijón uno de sus primeros trabajos, Fantasía… 3 (Eloy de la Iglesia, 1966), cuando la programación aún estaba dedicada al cine infantil. De Nacho Martínez recordó con cariño que era “de esa gente que ves y sientes como amigo, incluso sin serlo a diario”, además de un intérprete “muy moderno, profundo y recatado en el hacer”. Por ello, se mostró especialmente honrado y orgulloso de la distinción. “Con todas las luchas e ilusiones de esta profesión, que un premio lleve el nombre de un actor y en concreto el suyo me hace especial ilusión”, ya que supone reconocer la labor de “aquel que forma parte del oficio y escribe su historia”.

Tras este agradecimiento, el actor repasó una trayectoria propia de más de medio siglo, que empezó con la crudeza del franquismo. “Nosotros respondíamos a la situación del país, y el país era una mierda. Donde no hay libertades es imposible trabajar bien”, aunque prevalecía “el sentimiento”. Hasta hoy, un centenar largo de películas ha contado con su icónica presencia, pero no sólo el cine ha disfrutado de ella. “Todos los actores de la época empezamos en televisión, de extras. Luego, si te daban un protagonista en algún medio, o te caías con él o seguías en la profesión”. De estos inicios destacó un factor primordial: “Siempre me acuerdo de aquellos que empezaron conmigo con méritos para haber seguido y no pudieron. Tanto en la vida como en mi profesión, la suerte es un enorme aliado”, con la particularidad de que siendo actor “el público y la crítica te evalúan constantemente”. Este examen continuo le hace “estar muy pendiente del trabajo realizado”, porque otros factores como los premios dependen de terceros. “Si no se tienen amigos, uno se muere”.

Ha sido rostro de un importante pedazo de la historia del cine español, trabajando a las órdenes de autores tan esenciales como Fernando Fernán Gómez, Luis García Berlanga o Carlos Saura. Con particular emoción recuerda su trabajo con este último en La noche oscura (1989), donde dio vida a San Juan de la Cruz, cuya obra poética le había impactado con especial fuerza en sus años universitarios. “El personaje me dio mucho más de lo que yo le pude aportar, algo que pasa pocas veces”, y le permitió “entrar en su mundo, conocer más el castellano y su sonoridad interna”. El vaivén interpretativo de su carrera le llevó incluso a meterse en la piel de Francisco Franco para Dragon Rapide (Jaime Camino, 1986). “Todo lo hermoso o deleznable que hay en la vida lo produce el ser humano”, por eso cuando hace un papel con rasgos abominables busca “dentro de sí mismo, pero sobre todo para entender de dónde viene ese mal”. En el caso de Franco, se convenció de interpretarlo estando en su pueblo natal de Bormujos, cuando recordó su propia infancia durante la dictadura y se cuestionó el origen de ese mal. Al tercer día del rodaje, ya estaba en el papel viviendo de lleno “esa locura comprimida”.

Años antes de ser Franco en el cine, Juan Diego resistía como podía contra el régimen desde su oficio de actor, llegando a encabezar una sonada huelga del gremio durante los últimos coletazos de la dictadura, en 1975. “Teníamos que asumir esa reivindicación”, a la que luego se sumaron nombres tan mediáticos como “Lola Flores, Manolo Escobar y Sara Montiel”. Considera que esos años de lucha han generado “que los jóvenes que se incorporaron luego a la profesión adoptaran una dinámica más progresista”. Ahora, a sus 75 años, el intérprete ve la situación actual del cine y el teatro en España “mal”, porque considera que el poder “no quiere a la gente que piensa”, situación que extiende a toda Europa. Como receta para combatir estos males tan arraigados en el mundo actual, quiere inculcar que “la dignidad es lo único que tenemos y nunca se puede pisotear”, porque “lo único importante en la tierra es el ser humano”. Nada más consecuente con la sencilla bonhomía que transmite su figura.

Sergio de Benito
Palabras clave Festival de Cine, 2018