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Tizza Covi y Rainer Frimmel: “Para hacer películas necesitamos tiempo y amistad”

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El 56 FICX dedica uno de sus focos y el Premio de Honor de este 2018 a la pareja autoral formada por la italiana Tizza Covi y el austriaco Rainer Frimmel, responsable de una trayectoria de cuatro largometrajes consagrada al humanismo.
Covi y Frimmel regresaron a Gijón nueve años después de dejar huella en el festival con La Pivellina (2009), merecedora del premio a la Mejor Película y Mejor Actriz en el 47 FICX. Aquella fue la primera de sus películas que se mostró en España. Ahora, a su vuelta, ven recompensada la “constancia e integridad” de una obra breve pero profundamente singular en su combinación de humanismo y resistencia militante. Una peculiaridad que empieza en la formación atípica de ambos, desarrollada no en el cine sino en la escuela de fotografía de Viena, y sigue por su consecuente manera de filmar, siempre en 16mm y trabajando con actores no profesionales.

En un proceso autoproducido y llevado a cabo con equipos muy reducidos, ella se encarga del sonido y él de la cámara. En palabras de Covi, todas estas elecciones son “una cuestión de arte”, y por ello no se sienten “adecuados para la industria del cine”, porque “ni generamos trabajos ni gastamos mucho dinero”. Su propósito no es otro que “tomar posición al decir que así también se puede hacer un cine que cuenta historias”, y a partir de ello “trabajar la humanidad desde su lado positivo, aunque lo negativo también exista”.

Su campo de trabajo fundamental es un mundo circense familiar, lejos de espectáculos de masas. Consideran estos otros ejercicios poco interesantes para ellos, “al igual que el cine de gran dramaturgia”, que no genera “la emoción de lo verdadero”. Covi apuntó además que “antes la gente quería ver a los artistas del circo, pero hoy sobre todo son gente que malvive en caravanas a las afueras de la ciudad”, y es un mundo del que “sólo suele haber interés en mostrar el lado feo”. Por su parte, Frimmel quiso subrayar el carácter metafórico de su situación en el arte y la sociedad de hoy: “Los pequeños circos están desapareciendo, sólo los grandes sobreviven”. Para él, con independencia del objeto escogido para retratar, cada vez que hacen una película “aparece una idea o personaje dentro de ella que nos lleva a la siguiente”, como si de muñecas rusas se tratara.

Sobre su interés exclusivo en el campo híbrido de la no-ficción, el autor aseguró que tiene que ver “con un deseo de historias auténticas en este mundo de hoy en el que todo es tan ficticio y mentiroso”. Ellos sólo trabajan con gente “a la que conocemos y con la que hemos vivido durante años”, y escriben sus historias una vez conocen “su pasado y sus aspiraciones futuras”. Después de eso consideran importante “entregarles algo de vuelta”, así que pretenden darles “una película con la que se puedan sentir orgullosos de sí mismos”. ¿El modo de llegar a su verdadera esencia? “No sentirnos nunca por encima de ellos como realizadores”.

En la actualidad, los responsables de Mister Universo (2016) están montando un documental por ahora sin título, viejo proyecto con el que retratarán una realidad muy distinta a la de sus films previos. “Es el relato de un caso criminal en la Viena de los 60, con mucha gente condenada que era inocente. Reflexionaremos sobre el concepto de justicia e injusticia”. Cuentan con tenerla lista para 2019, pero de momento disfrutan este paso por el 56 FICX como “una pequeña pausa” en el complejo proceso, que afrontan sin ninguna prisa, porque para hacer películas necesitan contar siempre con dos cosas: “tiempo y amistad”.

Sergio de Benito
Palabras clave Festival de Cine, 2018