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Talentos de largo alcance

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rdp cortos
Natalia Marín (La casa de Julio Iglesias), Maider Fernández Iriarte (Amor siempre), Gemma Blasco (Jauría) y Tariq Porter (Cendra) hablaron esta mañana de sus respectivos cortos, presentes en diversas secciones del 56 FICX. Cuatro propuestas formales y de producción muy dispares en todos los sentidos.
Presentado en Locarno y Toronto, La casa de Julio Iglesias es el nuevo cortometraje de Natalia Marín. De carácter “ensayístico”, este trabajo pretende establecer “una reflexión sobre España desde lo identitario”. Su autora, que compite en la Sección Oficial del 56 FICX, aseguró que “le ha costado más mover el corto que hacerlo”, en referencia a su trayectoria por festivales internacionales y a una producción propia, puesta en marcha con una “urgencia” que “siempre ha estado por encima de todo” en su obra, aunque sostiene que esto no está reñido con la necesidad de un retorno económico, “que no vemos”. Por ello, reivindicó una partida propia de ayudas para proyectos con menos presupuesto, las cuales a menudo aportan al cine éxitos “intangibles” que “no se pueden cuantificar en taquilla”, caso de Lois Patiño con Costa da Morte (2013).

Por su parte, en Amor siempre, Maider Fernández Iriarte contrapone a través de la pantalla partida los universos de una anciana y su nieta adolescente, que no son otras que su abuela y su prima. Del relato, planteado en un inicio como videoinstalación, le interesaba “jugar con la relación entre pantallas en el transcurso del tiempo de la película”. Se desarrolla cuando la joven empieza a salir con chicos y su abuela, que duerme en la misma cama, no es consciente de ello. Así, propone “una exploración sobre la forma en la que ambas han vivido sus relaciones amorosas”. Después de presentar este corto en Esbilla, seguirá preparando su primer largometraje Las letras de Jordi, para el que “tampoco necesitaba una gran producción”.

Gemma Blasco, en su caso, hace doblete en este 56 FICX con Jauría (Noche del corto español), su tercer cortometraje, de producción previa a su debut en el formato largo con El zoo (Llendes). En su experiencia particular, el corto le supuso un proceso mucho más “clásico y complejo”, con más dinero y equipo de rodaje y también una narrativa más marcada, desplegada en torno al universo conflictivo de una joven de barrio. La autora, que pudo llevar a cabo este proyecto gracias a una subvención del ICAA, aclaró también que para la puesta en marcha de su primer largo prefirió “no contar con el dinero de nadie”, pero dejando claro que siempre existe “una línea muy fina y compleja” entre no necesitar dinero externo e impulsar la precariedad laboral.

Por último, Tariq Porter habló sobre Cendra, estreno mundial de la Sección Oficial del 56 FICX. Es una obra de corte más introspectivo, protagonizada por su tío Jordi Porter Huerre y ambientada en una casa montañosa aislada de la civilización. Apuntó que con ella se centró en “continuar la estela de su anterior trabajo”, y que su producción, comenzada “como proyecto personal”, no tuvo la contribución del insigne Paco Poch hasta el proceso posterior al rodaje. Al igual que otros de sus compañeros, valoró que esta nueva generación de creadores “ya no espera a una garantía económica” para sacar adelante su trabajo, porque “a veces no hay ayudas ni se las espera”, algo de lo que en su caso se dio especial cuenta “trabajando con cineastas veteranos”. Y terminó con una última reivindicación común, la de “un circuito de cortos proyectados antes de los largometrajes”.

Sergio de Benito


Palabras clave Festival de Cine, 2018