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Abbas Fahdel: “Con Yara quería restaurar mi fe en la humanidad y la belleza”

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rdp abbas fahdel
En Yara, el autor del estremecedor documento Homeland (Iraq Year Zero) (2015) cambia radicalmente de tercio para fijarse en una imagen de pureza e inocencia, la de una adolescente y su abuela en el remoto valle libanés de Kadisha.
Abbas Fahdel reveló hoy en Gijón/Xixón que el motivo de este giro tan llamativo fue lo “traumático” para él del anterior proyecto, al que además estuvo acompañando durante tres años. Después de aquella experiencia, el cineasta tenía dos opciones: “Dejar de hacer cine un tiempo” o “hacer algo que restaurara mi fe en la humanidad y la belleza”. El film actual, un proyecto de hace más de veinte años, responde a la segunda opción de la disyuntiva.

Como se decía en El idiota, de Dostoyevski, el director iraquí sostiene que “la belleza salvará al mundo”. Una postura que “quizá sea ingenua”, pero a la que se tiene que agarrar con más motivo “viniendo de donde viene”. Por eso quiso hacer una película “que otorgue esperanzas”. Su espejo son “cineastas que trabajan desde esa idea”, como “Mizoguchi, Bresson o Kiarostami”, porque “le ayudan a vivir”, en oposición a otro tipo de cine, cuya existencia “ensucia la humanidad”. Otro de los maestros de Fahdel en sus años de estudiante fue Jean Rouch, y por eso concibió también Yara “como un documento etnográfico” sobre la vida de los últimos habitantes del valle remoto, para mostrar “cómo se vive el día a día en un momento y lugar preciso”. Al querer conservar estos modos distintivos, que “el lenguaje del mainstream nos ha enseñado a no mirar”, decidió incluir planos aislados “de un rostro, un gato o una rama”, que “muchos productores considerarían inútiles”.

La idea inicial de Yara, una obra con “dos protagonistas muy difíciles de encontrar”, la joven actriz Michelle Wehbe y el valle libanés de Kadisha, le surgió hace más de veinte años, cuando vio Mouchette (Robert Bresson, 1967) y La joven (Luis Buñuel, 1960). Desde entonces, pretendía rodar algo “sobre una chica que vive aislada en un espacio rural”. Como intentó hacerlo en Iraq “y no pudo”, pensó en un campo francés de tintes bressonianos, porque “sabía que al encontrarlo me surgiría toda la historia”. Acabó llegando a este espacio en Líbano “por una amiga de allí”, y del hallazgo salió esta película, “completamente luminosa” a diferencia de las obras de su maestro, porque en el valle encontró “otra manera y otro espíritu” que decidió mostrar tal cual, “sin cambiar nada”, desde el dialecto particular hasta los objetos que aparecen en las localizaciones. Excepto la pareja protagónica de Yara y Elias, interpretada por dos jóvenes que estudian cine en un pueblecito del mismo valle, el resto de personas que aparecen muestran “su propio rol y su oficio”, sin diálogos escritos para ellos.

Tras Yara, “un poema” del cual “toda interpretación es legítima y aceptable”, Fahdel dejará ahora “que la película viaje sola” para dedicarse a dos proyectos nuevos. Su intención es seguir indagando en las historias cotidianas del Líbano, “un país muy pequeño con muchas comunidades distintas”, en el que no es nada fácil rodar. Lo hará como hasta ahora, “con un reducido equipo y actores no profesionales”. Y, por supuesto, quiere “volver a presentar el resultado en Gijón”.


Sergio de Benito
Palabras clave Festival de Cine, 2018