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Pedro Costa: "Todo el cine debería partir de un sentimiento"

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Pedro Costa
El emblemático cineasta portugués presentó a los medios Vitalina Varela, a concurso en el 57 FICX.
En una forma habitual de su cine, la figura de la caboverdiana Vitalina del título apareció en Cavalo Dinheiro (2014) y ahora cobra protagonismo en la obra presente. Asombrado por su presencia y su historia, Costa quiso darle todo el peso de una nueva película. Un film que, como el resto de su cine, surge “de un encuentro y de la posibilidad de buscar una intimidad a partir de él”. Junto a ella, el ya icónico Ventura, protagonista de Juventude em marcha (2005). Pese a continuar con su método de trabajo habitual, Costa considera este film “más estructurado y construido que los otros”, por el hecho de que Vitalina “es muy fuerte mentalmente, más que los hombres”, y cree que como cineasta su labor consistió en “concentrar aquí toda su figura, en un buen sentido”.

En concreto, Costa muestra sus condiciones de vida y su entorno haciendo uso de la mixtura de palabra, gesto y luz que caracteriza su filmografía. Tras “muchos meses de conversación con Vitalina en su cuarto”, durante los que hablaron “de su infancia, su juventud o su matrimonio”, el portugués y su reducido equipo pudieron comenzar a reflejar con la cámara digital a la protagonista y el entorno. Apuntó que, aunque existe “esa preparación de la construcción de cada plano”, en sus rodajes se pueden “intercambiar los roles”, a diferencia del mundo “jerárquico y exclusivista” del cine profesionalizado. Y consideró su propósito último, el de encontrar “una memoria de la luz” en el espacio cerrado en sí de Fontainhas, la barriada lisboeta en cuyo entorno lleva trabajando más de veinte años, como un trabajo “práctico y físico”, que “no es posible escribir de antemano”.

Además, a pesar del componente pictórico que irradia cada plano en su cine, el autor negó una influencia especial de artistas plásticos en su obra. “Puedo citar pintores que me gustan mucho, pero no pienso en Murillo cuando estoy haciendo un plano”, y apuntó que, de hecho, su pintor favorito de todos los tiempos, “el holandés Jacob van Ruisdael”, se dedicaba a retratar “vacas y molinos, algo que no tiene nada que ver con el cine que yo hago”. En sus palabras, lo importante, más allá de cualquier inspiración, es que gracias al método de producción de sus películas “nos podemos pasar tres semanas con un plano”, porque “no tenemos limitaciones para hacer lo que queremos y raramente desistimos”.

Este rigor extremo a la hora de sumergirse en las comunidades que retrata se traduce en una “fuerte presencia de Cabo Verde” dentro de Vitalina Varela, desarrollada más que nunca “debido a su propia historia”. Centrado desde En el cuarto de Vanda (2000) en un íntimo proceso de rodaje con cámaras digitales, cita las palabras de Truffaut sobre Rossellini para definirse a sí mismo, porque el italiano “no tenía la estupidez necesaria para hacer una carrera en el cine convencional”, y aseguró estar desposeído de “la carga de ingenuidad necesaria para sobrevivir en este oficio”. Sobre todo en lo relativo a los rodajes profesionales, que definió como “patéticos, exhibicionistas y terribles”, a diferencia de su forma de entender el cine, “sin ensuciar ni perturbar el lugar en el que estemos, tratando bien los espacios y personas”. Porque el cine contemporáneo desprende “una gran violencia para los actores”, lo bonito es poder conseguir a través de él “una intimidad” que hoy “cada vez es más difícil de mantener”.

En la línea de sus objetivos como cineasta, otro de los aspectos que recibe un respeto reverencial es el criollo caboverdiano, idioma utilizado por los nativos que retrata. Costa, “harto de subtitular mis películas al portugués”, apuesta por reivindicar para los espectadores de su país “el esfuerzo de entender esta lengua de la vida cotidiana”, que nació de la mezcla “de esclavos africanos y navegadores portugueses”. Porque, por ejemplo, “la abuela de Vitalina nunca habló portugués y hoy hablaría uno correctísimo”, y, como muestra su nueva película, “todos los rituales de posesión y diálogos con la muerte son en la lengua del colonizador”, otro aspecto que hace hincapié en su manera de traducir las relaciones de clase.

Para terminar, el director portugués expresó su deseo de que todo el cine “parta de un sentimiento”, que este “se transforme en una ilusión” y “que pase un tiempo antes de rodarla”. Definió Vitalina como “una carta a Cabo Verde, un encuentro capaz de construir una película”, porque “cuando un encuentro no es muy fuerte no hay que rodar nada, hay más películas que no se deberían hacer que películas a hacer”. La oportunidad para descubrir este trabajo único, el pase oficial de Vitalina Varela, esta tarde a las 19:30 en el Teatro Jovellanos.


Sergio de Benito
Palabras clave Festival de Cine, 2019