NO BAND FOR LLUVIA: “VASOS COMUNICANTES”
Son uno de los grupos revelación del nuevo pop independiente español, con la actriz Lluvia Rojo a la cabeza, y una energía y creatividad que han sorprendido a muchos, confirmando su potente entrada en la escena musical nacional. Estarán en el Festival, haciéndonos vibrar con su estilo sofisticado e intenso.
En la seguridad de los mundos creativos (los mundillos) cerrados, muchos encuentran esa comodidad, que tantas veces acaba degenerando en molicie. Agarrarse a lo evidente, al pastiche, es algo que, tras media hora de conversación telefónica con la actriz Lluvia Rojo, está muy lejos de la propuesta que ofrece No Band For Lluvia. Bastaría sumergirse en su primer álbum, Dead End (Subterfuge, 2011), para darse cuenta de ello. Pero son tantas las veces que lo que se muestra ante nuestros ojos no es suficiente, que una prueba irrefutable, sugestiva, como este álbum de presentación no basta. No basta una propuesta donde la psicodelia sinuosa de “The Long Run” se enreda con la lírica desesperada de “My End”, en la que las variables del pop efervescente adquieren tonalidades de colores new wave neoyorquinos (“People”, la irresistible “Sweat it!”), sin desdeñar texturas tan estimulantes y poco trilladas como las de “Red Rum”, “Why Should I…” o “P98”. Quién sabe si, de no habernos dicho que esta era la banda de una célebre actriz en una serie de éxito de la televisión española apenas les hubiéramos hecho caso, o si, de no ser por ella, No Band For Lluvia ya habrían sido recibidos como una de las sensaciones de la temporada para el sector más guay de eternos descubridores de últimos hallazgos… Así está hecho el mundo, pero, entre ambos extremos, debería imponerse este destacable álbum de un grupo poco común en sus matices creativos. ¡Por favor…! Si después de esta conversación no se convencen de ello, es que están demasiado ofuscados por las luces, siempre engañosas, de prensas rosas y amarillas, a la busca de titulares fáciles y audiencias idiotas.
-Empecemos por la génesis de No Band For Lluvia.
Es una idea que siempre había mostenido Kevin Kajetzke –bajista de la banda- a quien conozco desde hace diecisiete años (¡diecisiete años, madre mía!) del mundo hardcore, punki, y tenía desde siempre en la cabeza. Digamos que se juntaron varios aspectos para que se llevase a cabo en febrero de 2010: en la serie yo tenía un poco más de tiempo libre y Kevin había concluido su trabajo. Empezamos a buscar en marzo de 2010, y hablé con un amigo –Darío Elouces, que ya no está en la banda- para ver si quería unirse a nosotros en los teclados, guitarra rítmica, ordenadores, nos dijo que sí y, nada, otro más que tomaba el tren. Después un amigo común de los Sunday Drivers y mío –Pepe Corral- me dijo en un almuerzo que los Sunday Drivers se separaban, que no era oficial pero iba a serlo en breve. Le dije: “¡ah, sí? Pues en cuanto sea oficial te voy a pedir el teléfono de Lyndon Parish”. Así fue: me dio el teléfono de Lyndon, le propuse la historia y se unió. Fuimos paso a paso, tuvimos un batería americano que se fue, hicimos un casting, una prueba, y pillamos a Pascu Monge.
-¿Cómo fueron esos primeros pasos: gestar un repertorio, echarse a la carretera,…?
Consideramos que estamos todavía en el principio, porque hasta que uno empieza a construir el repertorio, aprobar canciones, a descartarlas, se tarda bastante. Te estoy hablando de marzo de 2010, que es poco más de dos años… Los comienzos están siendo intensos, por eso prefiero hablar en presente, porque los comienzos son ahora, realmente. Fichamos con Subterfuge, súper bien en ese sentido. El álbum lo hemos producido nosotros porque al ser un primer disco empiezas a definirte, teniendo en cuenta, claro, que son cinco personalidades, cinco estilos, todos en uno. A verla mezcla cómo sale. No queríamos tener un productor, un director de orquesta que nos condujera a algo que pudiera generar conflicto en esos primeros momentos de definición. Teníamos que saber primero quiénes somos, para después ponernos en manos de una persona que lo mire con un poco de perspectiva. Pero, primero, tenemos que hacer ese ejercicio de tomar nosotros mismos perspectiva para crearnos.
-A lo mejor, todo lo que estás contando puede expresarse con la canción “The Long Run”, que apareció primero en el recopilatorio Subterfuge Party 2011 y, posteriormente, en una versión distinta en el álbum…
Bueno, creo que la demo está más desnuda, no tiene tanto teclado, sobre todo. La del álbum es más intensa…
-Supongo que a la hora de plantarse en el estudio a grabar el álbum, os habíais planteado probar cosas, saliros del esquema de reproducir un sonido de directo.
Sí, desde luego que lo utilizamos un poco como laboratorio experimental. Nos encantan los cacharritos, los ruiditos y las cositas, sí que le dimos. A mí, de momento, el álbum me sigue encantando, igual en cinco años me preguntas y te digo: “puah, se nos fue la olla mogollón” (risas). De momento, seguimos muy contentos.
-¿Cómo han sido tus sensaciones en los directos? Percibir la emoción de la gente, el sudor, las conversaciones, los rostros, los movimientos,…
Ver a la gente ¡bailar! Puuuuf,es una sensación muy buena. Es mucho más intenso, claro, ver al público ahí, para bien y para mal. Porque si no les gusta..., que, de momento, no hemos tenido esa sensación, también lo estarías viendo, ¿no? ¡Cómo se va la gente! Pero en el teatro también lo notas, ¿eh? Cuando gusta y cuando no, hay una energía ahí, aunque no estés mirando. Pero, en concierto, ver a la gente ¡bailar! Puuuuf.
-¿Qué herencia permanece de tus padres –músicos de jazz- a la hora de trabajar en tu grupo?
No lo sé, no tengo ni idea. Para mí no es que sea un proceso natural, pero sí que vivo con naturalidad todo lo que pasa porque no es nada ajeno a mi vida. Esto lo he vivido a través de ellos, he estado de gira con ellos, no sé cómo explicártelo…
-Lo que está claro es que tu caso es distinto al de otras actrices que han irrumpido en el mundo de la música, lo tuyo viene de familia.
Sí, por eso te digo que es muy natural. Algo que siempre he querido hacer, desde pequeña he estudiado música, lo he vivido como normal, cotidiano. No es algo de “¡Oh, Dios mío, ahora voy a hacer un grupo!”, no es eso. Es: ahora voy a hacer música rock después de haber estado tocando clásica todo el tiempo (risas).
-En el disco se percibe el aroma de la new wave neoyorquina de finales de los 70, principios de los 80, ¿no? Desde Blondie hasta Television, pasando por Patti Smith...
Cuando compongo, cuando componemos, no piensas en ello. Luego, inevitablemente van a salir algunos estiloso corrientes, lo que escuchas o lo que no escuchas, que deberías escuchar más (risas)… pero lo de las influencias es tan complejo, tan amplio que, al ser Kevin, Lyndon y yo, cada uno pone un poco de lo suyo, mezclamos y lo pasamos por el barniz de lo que creemos que es No Band y ya está.
-Sí es cierto que, cuando antes me decías lo del disco conceptual, hay una temática interesante e inusual: venganzas, asesinatos, suicidios...
Somos muy peliculeros, nos gusta mucho el cine. Cuando me pongo a escribir no lo hago sobre mí ni sobre lo que me pasa, sino que lo hago sobre lo que me sugieren los acordes, la melodía que estoy componiendo. No sé muy bien por qué, me salen cosas bastante brutales: de venganzas, asesinatos, suicidios,… “My End”, por ejemplo, es una canción de suicidio. De los suicidios ya sabes que no se puede hablar en los medios de comunicación porque está comprobado que si hablas, el número aumenta. Hay una especie de…
-Sí, lo sé, como periodista… Es una norma no escrita.
¿Qué te voy a contar, entonces?
-Uno de los principales problemas con los que te habrás encontrado a la hora de sacar adelante un proyecto como No Band For Lluvia es el hecho de que sea tomado como algo “de laboratorio”, un hyperoportunista, teledirigido...
Por una parte, tiene sentido que sea así; por otra, da mucha pena. Conozco Estados Unidos y Alemania, no conozco el resto del mundo y, sobre todo, conozco España que es donde más tiempo he estado… No quiero decir que esto sólo pase en España, seguro, pero sí que aquí somos bastante reticentes a aceptar que una persona pueda hacer varias cosas ala vez: el que es jardinero, es jardinero y si tú eres periodista, eres periodista. Es un poco como el “monotalento”,…
-Más aún cuando hay casos como Bimba Bosé o Leonor Walting, que han demostrado en Cabriolets o Marlango que no son un capricho. Pero parece que, antes, hay que atravesar una serie de pruebas hasta que se otorga el beneplácito a la propuesta.
Sí, es un poco la sensación: que hay que superar pruebas. Por una parte, puede parecer que es mucho mejor apriori, puesto que a nivel de medios hay mayor accesibilidad, tiene más interés. Tiene más interés hacerle una entrevista a un futbolista que tiene un grupo de música, que a una persona que acaba de empezar con una banda y a quien nadie conoce. Entrevistas ya tienes aseguradas aunque no tengas canciones, ¿no?
-Por un lado, los beneficios de ser famoso; por otro, las reticencias a creer que alguien que aparece en una serie de televisión de máxima audiencia pueda tener su lado musical, al margen de tonterías de prensa rosa.
Desgraciadamente, funciona de esa manera. A nosotros, lo que nos gusta es demostrar en directo esa intensidad, esa fuerza punk. Que la gente se diga“yo que pensaba que eras…” (risas). Es un rollo lo de los prejuicios, pero, ¡qué le vamos a hacer! Nosotros hacemos lo que pensamos que tenemos que hacer, lo que nos gusta y tiramos para delante. Ahora mismo el mundo de la música es un mundo súper difícil, marginal…
-Underground.
Sí… ¡buah! y el rock, ni te cuento. ¡Y rock en inglés! Pero ya te digo, vengo de una familia de músicos marginales, del mundo de jazz, pues, ya está: hacer lo que queremos hacer, lo que nos gusta y ya está.
Manolo D. Abad



